Una visión rioplatense: Adolfo Nigro
Rosa Faccaro


En la obra del artista rosarino Adolfo Nigro, podemos visualizar una de las corrientes generadas a partir de la escuela de Torres García, y de Gurvich, su discípulo. Las constantes de su lenguaje pictórico, amplían el concepto de universalidad destacada por Torres, al poder incorporar a la visión "rioplatense", la cultura del "litoral argentino". El sentido que le otorgara Torres -al invertir el mapa de América del Sur- para expresar como influyó la posición austral en la manifestación artística, señala el espacio regionalista de referencia, en relación a las corrientes internacionales. Esta visión la asume Nigro, al extender más allá del Río de la Plata una concepción de americanidad. Las imágenes portadoras de los signos que aluden a un mundo de naturaleza mítica: flora, fauna, y el hombre de la costa, poseen la característica ornamental del dibujo que los expresa, y que define una belleza singularmente abstracta. Es en el dibujo -arte por excelencia- donde se comprende el ritmo que fluye, en esta cultura del agua, y que forma en estas construcciones un característico arabesco. La línea dirige tumultuosamente el encuentro de los frutos del río, y se aquieta en el apresamiento del alimento. Se visualiza la figura del pez, y de la flora acuática, que se encienden por la luz costera, en el variado cromatismo de la arena.

Es la tierra también, junto al elemento acuoso, protagonista de la temática de Adolfo Nigro, y es allí donde se siente la fragilidad de la vida. La levedad concebida del espacio aéreo, muestra un artista que recoge y enhebra caracolas, huesos, maderas, para convertirlos en un lenguaje que expresa la belleza de un "abalorio de río". Este gesto, es una visión suspendida de un mundo flotante. En la obra de Adolfo Nigro vemos el principio organizativo de una poética. La articulación de su sistema constructivo no se aparta de un instrumento modular, desarrollando un ritmo individual que en momentos se fusiona a un orden cósmico. La trashumancia, el deambular, buscando en el río, en los pueblos costeros, el alimento natural, evoca un principio de esperanza; lo mismo el interés por los lenguajes de ciertos poetas latinoamericanos: Juan L. Ortiz, Vicente Huidobro, Oswald de Andrade. Un destino anclado en el mundo natural y cultural, indaga en las fuentes de libertad e identidad. Este empeño en remontar cielos y ríos, costas y tierras rioplatenses, le permite vivenciar un lugar de cesación y silencio, camino de reflexión menos amenazante, menos feroz, donde ese "no lugar" de la utopía, refleja el término de la generación de los sesenta. La cualidad metafórica del "rizoma" de entablar un recorrido subterráneo -echando raíces horizontales en torno a un eje refleja el lenguaje "nigreano", de establecer coordenadas sustanciales e imprescindibles, para fijar un derrotero que hilvane y recoja esa diseminación vertical y horizontal del signo. Un plano de intersecciones, respecto a un mapa de juegos, recibe a su vez la proyección del mapa completo en un sistema acentrado. En la totalidad de la producción plástica de este artista, la transformación de un modelo constructivo (Torres), no pierde su sentido esencial, que es el de crear una escritura pictórica, con la dimensión de trascendencia y universalidad.


 

Una visión Rioplatense: Adolfo Nigro,
por Rosa Faccaro.
En Adolfo Nigro, 1994.

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